Fénix Carrier

T2-3 – Marta – La crisis de los treinta

Mi cari dice que buscarme un objetivo me sentará bien. Estoy en un momento personal en el que no es que me apetezca reflexionar mucho sobre ello, pero una voz en mi interior me dice que puede ser buena idea ubicarme mentalmente en el presente, y mirar al futuro.

Mi cari, Fénix, insiste en que en breve saldrá a la luz mi verdadero sueño. Que hablando de tal y pascual, acabaré hablando de lo que de verdad me gusta y que de pronto se me encenderá la bombilla.

Y no me vendría mal que se me encendiera.

Llevó ya meses levantándome por las mañanas sin muchas ganas. Sí, voy a trabajar y me sumerjo en la dinámica y no bajo mi rendimiento, pero hay mañanas que, al sonar el despertador del móvil, tiraría el aparato por la ventana y me escondería bajo las sábanas, ajena al mundo.

No lo hago porque Fénix moriría de un infarto al saber que había tirado un iPhone desde un segundo.

Sin embargo, debo reconocer que levantarse cada mañana sin motivación es duro. Por un momento temí que me desmoralizara por completo y dejara de cuidarme al vestir, al peinarme… y comenzara a dar muestras de dejadez. La dejadez debe ser el paso previo a la depresión.

Y yo siempre me he considerado una mujer fuerte.

Quizás por eso sonaba el despertador, luchaba conmigo misma, apagaba el despertador sin tirarlo edificio abajo y me iba a la ducha. Ponerme guapa me hacía sentirme bien y eso me animaba un poco. Luego el trabajo me va bien, no me puedo quejar, así que las horas en la oficina se me pasaban volando. Y día sí día no tengo planes con mi cari, Svetlana o las chicas de la oficina. Y así, poco a poco, he ido sobrellevando los meses.

Pero no puedo negar que echando la vista atrás, estos últimos meses no me siento feliz.

Dicen que el duelo dura un año. Solo han pasado unos meses, pero yo ya he aceptado que mi hermano no está, igual que he aceptado que de pronto un día me acuerde de él y se me salten las lágrimas. Aunque hay días que le recuerdo con una sonrisa, sobre todo cuando me acuerdo de alguna anécdota de la infancia juntos.

El duelo se ha ido, sí, pero al marcharse, ha dejado una tierra yerma.

Cari insiste: tienes que encontrar un sueño, algo que te motive.

El otro día me pasó una lista de posibles cosas que me podrían motivar. Me dijo que la había sacado de por ahí:

  1. El amor
  2. El trabajo
  3. El dinero
  4. La salud
  5. El físico
  6. (Y una sexta más, pero que aparecía tachada y no pude leer bien).

Ninguna de ellas me inquietaba en exceso.

Pero creo que Fénix está confundido.

Esta tierra yerma no se puede regar con esas inquietudes puntuales. Si no que evidencia que hay que afrontar una cuestión aún más compleja: el futuro.

¿Hacia dónde va mi vida?

Cogí el teléfono y llamé, contestaron casi al instante.

“Cari, creo que tengo la crisis de los treinta”.

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