Fénix Carrier

T2-25 – Ricardo – Expiación

Me siento mal. He mentido como un bellaco. No he tenido el valor de reconocerle a Fénix que sí, que ayer las ansias de tener sexo me dominaron, que la frustración de no haber llamado la atención de ningún tipo en la discoteca me quemaba por dentro, y que cuando vi que mi amigo ligaba con uno, vi fácil interponerme y acabar yo llevándome el gato al agua. Fénix es un contrincante débil, porque no ofrece sexo tan abiertamente, y además es torpe en el terreno del ligoteo.

Sacudí la cabeza por pensar así de mi amigo.

Ahora, tumbado en la cama, me moría de vergüenza.

No podía haber tratado de ser más ruin.

Levantarle un ligue a mi mejor amigo era triste, algo despreciable.

Ofrecerme a prepararle el desayuno no era más que una manera de expiar mi pecado.

Aunque el propio universo se había encargado de pasarme la factura, yendo a hablar con aquel tipo que fijara sus ojos en Fénix y que me dejara claro que con quien quería algo era con mi amigo.

Me estaba bien empleado por listo.

Y ahora me daba un miedo atroz pensar que el tipo me hubiera preferido a mí y yo hubiera infligido semejante daño a Fénix.

Mi amigo es tan inocente y sensible, que aveces me pregunto cómo puede sobrevivir ahí afuera, en un mundo tan cruel y frío, que se empeña en tratarnos como trapos.

Soy un puto desgraciado, me digo, y no me duele, porque sé que es cierto. Tratar de machacar a un amigo así, es de gente sin corazón.

Pero yo después de Alberto… (suspiro) Supongo que ya debería referirme a él como “el tipo casado”, pero en mi pecho sigo sintiéndolo como “mi hombre casado”…

Meneo la cabeza, notando un nudo en la garganta.

Ahora se me junta la rabia por seguir añorando un amor imposible.

La vida, a veces, es una puta mierda.

Pero estoy desviándome del tema.

Lo que quería decir es que quizás me comporte como si no tuviera corazón, porque tras la historia de Alberto, mi pecho ha quedado reducido a cenizas. Sí, incandescentes aún, pero cenizas.

Vuelvo a pensar en Fénix y me juro a mí mismo que jamás, JAMÁS, volveré a tratar de hacerle daño por mi propio ego.

Exhalo un sonoro suspiro.

Necesito desconectar, distraerme y relajarme…

Así que, cojo el móvil de la mesita de noche, y abro Grindr.

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