Fénix Carrier

T2-34 – Fénix – Desprender follabilidad

“¿Desprender follabilidad?”

Ricardo me miraba con una media sonrisa.

“¿Desde cuándo hablas en esos términos, Cari?”, dijo Marta, con los ojos bien abiertos.

“Se ha soltado la melena», dijo Ricardo. «En casa ya solo hablamos de follar y de rabos”.

Mi amiga soltó una carcajada.

“Pensaba que buscabas el amor…”

“Y lo busco, que conste. Pero parece que para llamar la atención de un tío hay que ser rematadamente guapo, o”, levanté un dedo para acaparar la atención de mis amigos, “atraer a los hombres de una forma que no son capaces de expresar”.

“¿Ein?”

Ricardo arrugó la nariz.

“Creo que tiene una nueva teoría”, apuntó Marta.

“¡Claro que la tengo! Hay dos tipos de atractivos: los guaperas, como por ejemplo, Jesús Vázquez; y los que te atraen sin saber muy bien por qué, por un atractivo que no es “hermosura” pura y dura, como por ejemplo, el marido de Jesús Vázquez”.

“Los primeros son ideales”, proseguí, “te sientes orgulloso de que te vean enrollándote con él, vas más ancho que largo cuando se lo presentas a familia y amigos. Es ideal para las fotos. Es casi como un trofeo”.

“Los segundos son esos que atrapan tu mirada y tú no sabes muy bien por qué, pero te quieres acostar con ellos, y puede que los mires fríamente y sean feos, pero es que te ponen… te ponen…”

Ricardo esperaba a que acabara la frase.

“¿Te ponen?”

“¡Verraco!”, exclamé. “Y yo lo que quiero es eso. No puedo ser más guapo…” Miré alrededor por si había alzado demasiado la voz. “A ver, quiero decir que o me opero o me quedo como estoy, no que no se pueda ser más guapo que yo, eh. Pero desprender follabilidad… ¡eso es algo que se puede conseguir!”

“¿Ah sí? ¿Cómo?”

Hundí los hombros.

“No lo sé”, gimoteé. “Albergaba la esperanza de que yo la desprendiera ya por defecto… Pero por vuestras caras ya veo que no”.

“¿Cómo vamos a saber si desprendes follabilidad si no eres nuestro tipo?”

“Porque eso se sabe, se ve. Todo el mundo tiene un amigo que siempre que sale no tiene problemas para ligar y comerse un buen caramelo”.

De nuevo Ricardo se quedó con la coca cola a medio camino de los labios.

“Esa follabilidad de la que hablas, también es subjetiva, cari».

“¿Tú crees?”

“Estoy segura de ello”.

“Explícate”.

“Es bien sencillo: a mí Jesús Vázquez y su marido solo me gustan para hablar, pero no me acostaba con ninguno de los dos”.

Me tapé la boca como si hubiera dicho una blasfemia.

Ricardo me miró.

“Yo al marido de Jesús Vázquez me lo follaba. Pero Jesús Vázquez no me dice ni fu ni fa”.

Abrí los ojos como platos.

“Un momento, un momento, un momento”, alcé las manos tratando de detener ese aluvión de sinsentidos. “Eso no puede ser. Jesús Vázquez le gusta a TODO el mundo”, dije, mirando significativamente a Marta. Me volví a Ricardo: “Y no sé cuán fiable es tu criterio, te recuerdo que te pone Chicote”, apunté.

“Sobre ese tema deberíamos tener una larga charla, eh”, dijo Marta, con una significativa mirada sobre Ricardo.

Él hizo un gesto con la mano para quitarle importancia. “Volviendo al tema de la follabilidad, que creo que nos interesa más a todos, Fénix, ¿qué características se deben cumplir para desprender eso? Estoy deseando escucharlo”.

“Si las supiera, no estaría así ahora”, dije, con actitud chulesca.

“Sigo sin ver eso de la follabilidad…”, dijo Marta, “un tío te gusta, o no te gusta. Ya está. Pero el tío que a ti te gusta, puede no gustarle a otro”.

“¡Esa es la diferencia! Un tío que desprende follabilidad… la desprende para todos”, sonreí de medio lado y le guiñé un ojo.

Marta puso los ojos en blanco de nuevo.

“Te lo voy a mostrar”.

Saqué mi cacamóvil y abrí Instagram, busqué una cuenta concreta y puse el móvil sobre la mesa alta para que los dos pudieran ver la pantalla, y deslicé el dedo por ella, mostrando foto a foto. Se trataba de una cuenta que recopilaba fotos de tíos musculados, bronceados, con barba, que reposaban entre sábanas blancas, o en confortables sillones, y miraban hacia la cámara con cierta lascivia.

“Todos estos tíos”, les expliqué como si fuera la cosa más obvia del mundo, “desprenden follabilidad. Y debe haber un factor común en todos ellos. Y el objetivo es conseguir tener ese mismo factor”, abrí los ojos, ilusionado.

“Fénix, todos estos tíos están mazados”, dijo Ricardo.

“Todos no. Hay alguno mono que desprende estilazo…”

“¿Este?”

“¡Sí!”

“Va con jersey y gafas de pasta en plan bohemio, pero se le marcan los pectorales y los bíceps…”

“¿Tú crees?”

Ricardo me mostró la pantalla con cierta incredulidad.

“Bueno, igual sí. Quizás la conclusión es que para desprender follabilidad hay que ir al gimnasio”, dije, resignado, tomando de nuevo el móvil en mis manos.

“Pues sí que te ha sorbido pronto el seso Chueca…”

“Pues yo no me acostaba con ninguno de esos tíos de las fotos”, Marta me miró, “¿eso no te dice algo?”

Un instante de silencio. Mi amiga mirándome esperando una respuesta.

“Pues sí, ¡que estás ciega!”

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