Fénix Carrier

T2-21 – Fénix – Chicote me pone

“Chicote me pone”.

Estábamos ahí tumbados, Ricardo y yo, en los sofás del salón viendo Pesadilla en la Cocina, cuando mi amigo soltó aquello.

Le miré, incrédulo.

“No lo dirás en serio, ¿no?”

Se encogió de hombros sin apartar la mirada de la pantalla.

“No le veo guapo ni atractivo, pero cuando le veo entrar en una cocina y poner firmes a unos y a otros en el momento en el que se descontrola el percal, y toma las riendas de la situación, ahí, en plan macho alfa… Bufff, me pone verraco».

Yo seguía ojiplático.

“Será una movida de esas de los genes, ya sabes, algo instintivo de supervivencia que arrastramos de nuestros ancestros”, añadió.

Volvió a encogerse de hombros, como si hubiera dicho que mañana llovería, en lugar de hacer sol.

“Con Chicote parece que nunca te va a faltar de comer. A veces pienso que incluso si te atracaran de noche en una esquina yendo con él, embestiría como un miura antes de dejar que te hicieran daño”.

“Qué romántico”, dije entre dientes. “¿Cuánto tiempo llevas fantaseando con él?”

“Me he visto todas las temporadas de Pesadilla en la Cocina”.

“Ahora ver Gran Hermano no me parece tan malo…”

“T5 está prohibido en esta casa”. Ricardo levantó un dedo, amenazador. Se negaba a dar un segundo de audiencia a aquella cadena.

“Volviendo a lo de Chicote”, dije, “yo le veo bajito, gordo y feo”, señalé la pantalla, como si fuera obvio.

“Es rubio y de ojos azules”, puntualizó mi amigo.

“Eh… Por mucho que lo maquilles, sigue siendo Chicote”.

“Y Chicote se parece sospechosamente a cipote, ¿no?”, me miró, intrigado. “¿Cómo lo tendrá? Seguro que siendo rubio lo tendrá rosadito…”

Arrugué la nariz y meneé la cabeza, tratando de sacarme aquella idea de la cabeza.

“Es curioso, ¿no? Cómo funciona la mente humana”, Ricardo se volvió y me miró. “Cómo de pronto puedes ver atractiva a una persona por su comportamiento, más que por su físico”.

Parpadeé.

Yo, firme defensor de la belleza está en el interior, me quedé bloqueado.

Podía seguir enumerando características que se me antojaban negativas de Chicote: que era mayor (no un viejo, pero mayor ya), que no tenía cuello, que aquel carácter firme rozaba el gruñón insoportable… Un sin fin de puntos para mostrar a mi amigo que lo que acababa de decir era espantosamente ridículo.

Pero sucedía también que, lo que acababa de decir, era indudablemente maravilloso.

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